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La cocina forma parte de un estrellato momentáneo donde se nombra al arte como experiencia junto a ella. Un arte donde existen formas de cuerpos establecidos, miradas deseosas, el vértigo por la competencia y el sabor del show. Dentro de este conjunto de signos
mediáticos y artísticos, se pone en marcha un discurso (o varios discursos), que pasan y se detienen por las relaciones culturales, sociales y políticas. La cocina está dentro de estas
relaciones, sumando un elemento vital.

Alimentarse es vital, a su vez esa alimentación se funde con otra alimentación vital: la comunicación y ese otro que performa dicha
comunicación; un alimento que puede tanto nutrirnos como desnutrirnos. 

Un lugar que nos puede liberar o esclavizar

Entrar a escuchar una cocina es escuchar lo cotidiano.Entrar en un lugar muy amplio donde cabe la vida misma. Comemos y cocinamos mientras escuchamos radio, música o miramos tv.
Comemos o cocinamos recordando momentos o estando en el aquí y ahora. Siempre la cocina está involucrada junto a un cuerpo que siente, piensa y vive. Comenzar a escuchar la cocina con otro tono, que no quede solamente en la melodía de un show. Escucharla para generar la posibilidad de un encuentro con la experiencia de ese momento.

Encuentro, con eso que se ve y que se escucha, encuentro tal vez con la pregunta que comienza a girar al escuchar, desde lo que se come a cómo lo como. Por qué, para qué, con quién, a dónde, etc. Las preguntas pueden ser tantas como tanta curiosidad se tenga o como tanto nuestros sentidos estén dispuestos a sentir.
Escuchar la cocina, la comida, como un lenguaje, una forma de comunicar y expresarse.

Maria Furnari